"Tierra trágame"¿os ha pasado alguna vez?


(MJosé) #1

Bueno, yo soy de las que cuando algo me avergüenza me pongo roja como un tomate.

Eso lo sabía Diego, un jefe de área de mi trabajo (si por casualidad me lees Diego que sepas que no se me olvidará en la vida lo que me hiciste -hasta el punto de crear este tema por tí :joy: )

Me hizo una “novatada”, me dijo que el jefe me llamaba y que fuera a su despacho.

Me levanté de la silla y fui (super nerviosa) al despacho del jefe.

  • Hay que decir que el jefe es un tipo muy muy serio.
    Llamo a la puerta del despacho del jefe al que responde -adelante.
    Paso y le pregunto -¿me llamaba?

Se me queda mirando asombrado y me dice que no.
:flushed:

Vais a pensar que es una tontería, pero creo que es uno de los momentos más vergonzosos de mi vida.

Y vosotr@s, ¿habéis pasado por situación de vergüenza extrema?


(Martin) #2

Porque tendrías Verguenza de eso? yo que vos le decía al jefe que Diego te había dicho que el te llamaba, y le pedía al jefe que le devuelva la broma asustandolo de alguna manera… al salir le decía al Diego que el Jefe lo llamaba a el también y ya hubieras visto la cara que ponía… jajaja!

el único momento en que sentí eso de tragame tierra fue cuando en primer grado me hice caca encima.


(MJosé) #3

Sí, @Vikingog eso mismo le dije al jefe, que Diego me había dicho que fuera a su despacho aunque por aquel entonces era una recién llegada y claro, no había tanta confianza con el jefe.
Comento: resulta que yo estaba en otro departamento y con el jefe de área -Diego- sí que había más confianza (de ahí permitirse el lujo de gastarme esa “broma”) pero claro, con ese jefe yo no había tenido antes ningún contacto, sólo verlo de vista y ya, de ahí la vergüenza. . Jeje


(Ismael Pineda) #4

@maromeru1 La verdad es que yo también la he tenido y creo que lo que voy a comentar seguro que os ha pasado a más de uno.

Pues bien tras haber estado observando y preguntando por esa persona que tanto te gusta pero con la que nunca te has atrevido a hablar llega ese momento, el momento en que te decides a hablarle por ti mismo. Pues bien en ese momento todo parece que va muy bien :sweat_smile:… te presentas casi sin voz de los nervios y le dices que te hacía ilusión conocerla, le preguntas cómo se encuentra, si le gusta ir al cine etc etc mientras le hablas no deja de soltar alguna que otra risa que no llegas a entender el porque… pero sigues charlando e intentando no trabarte con las palabras. Cuando pasaron unos minutos nos despedimos y la persona en cuestión me dijo … me has caído muy bien y tras eso me dio un pañuelo de papel mientras se iba riendo por el camino algo que yo no entendí. Me miré al espejo mas cercano que encontré, me di cuenta de que tenía un moco que se me notaba bastante. En ese momento me moría de vergüenza pensando en que la persona que me gustaba me había conocido mientras lo tenía tan visible eso :flushed: :flushed:

A día de hoy esa persona a la que me presente (Que era una chica) es una de mis mejores amigas y aunque a día de hoy ya no me da vergüenza cuando era adolescente ese momento fue muy vergonzoso para mí.


(Eduardo Arcos) #5

Les voy a contar una historia. No me pasó a mi, la ví en el Twitter de Goldman Sacks Elevator Stories (recomiendo mucho esa cuenta si les gusta el humor económico ácido). Estaba descrito como la historia más vergonzosa jamás contada y creo que estoy de acuerdo. Lo leí hace muchos años pero es tan vergonzosa que no se me olvidará jamás.

La historia está en inglés pero es tan triste que vale la pena traducirla:

Antes de que una compañía cotice en bolsa, sus ejecutivos más importantes hacen giras por diferentes ciudades con sus asesores financieros para intentar que otros bancos y entidades apoyen la oferta pública inicial (IPO). Generalmente se visitan unas 10-20 ciudades en menos de una semana por lo que un jet privado suele ser la mejor solución en términos económicos y prácticos. Es una actividad extremadamente intensa, incluyendo días sin dormir (porque hay que sacar a los banqueros a divertirse y alcoholizarse).

Entonces no raro estar de fiesta hasta las 5 de la mañana, ir al hotel, dormir una hora, despertarse a las 6 de la mañana, desayunar rápido y salir corriendo al aeropuerto, subirse al jet privado y decidir descansar ahí. Pero hay un problema. Entre la fiesta, el alcohol, la cena de la noche anterior, el desayuno de la mañana y el poco tiempo disponible, no es raro olvidar pasar al baño. No me refiero a orinar, me refiero a evacuar todo lo que has ingerido en las últimas 14 horas.

El problema es que no estás en un jet privado de lujo, espacioso y moderno. Estás en uno pequeño, para seis personas, donde apenas hay espacio para moverte entre una fila y otra, donde al sentarte tus rodillas tocan con las rodillas de la persona a tu lado y poco más.

Así que ahí estás, en un pequeño jet privado, muerto de ganas de ir al baño, sabiendo que el avión es tan pequeño que lo que sea que hagas cuando cierres la puerta probablemente lo escucharán todos a bordo. Tus clientes, tus compañeros de trabajo. Empiezas a sudar frío.

A la mitad del vuelo, empiezo a sentir todo el café que había tomado, como se dirije a mis intestinos. Me intento acomodar y pensar en otros temas. Lo que parece una hora probablemente sean menos de veinte minutos. De repente entramos en una turbulencia fuerte, en cada salto del avión tengo que aguantar muy fuerte para no cagarme en los pantalones. “Treinta minutos, tal vez cuarenta y cinco antes de aterrizar” me digo a mi mismo. No puedo más, llamo a la sobrecargo, quien se acerca:

“Perdón, dónde está el baño, porque no veo la puerta”, mientras pregunto tengo que hacer fuerza suficiente para aguantar lo que ya parece una botella de gas reventando en mi culo. Me mira, sorprendida, y me dice: “bueno, no tenemos una como tal. Técnicamente tenemos uno, pero es sólamente para emergencias. No se preocupe, aterrizaremos en pocos minutos”.

“Estoy seguro que esto califica como una emergencia”, digo a regañadientes, mientras tengo que aguantarme aún más. Con algo de miedo, la sobrecargo apunta al asiento de atrás del jet privado. La turbulencia que atravesamos solo puede compararse al huracán dentro de mi estómago. “Ahí, el inodoro está ahí”. Por unos segundos siento un poco de alivio. Duró poco "Si quita el cojín de cuero del asiento, el inodoro está abajo. Hay una pequeña cortina para privacidad, pero es todo.

Cuando me doy cuenta que el inodoro es un asiento más en el pequeño jet privado, sentí una necesidad muy grande de llorar. De hecho lloro, pero mi cara está tan extremadamente tensa de las ganas de cagar y lo mucho que tengo que aguantarme que da igual. De hecho el “inodoro” está ocupado por la directora financiera. Nuestra clienta.

Hasta ahora nadie se había dado cuenta de mi lucha o de mi conversación con la sobrecargo. “Lo siento, lo siento muchísimo”, es todo lo que alcanzo a decir mientras camino como Quasimodo imitando a un pingüino y empiezo mi explicación. Obviamente apenas mis competidores me ven hablando con la directora financiera, se acercan a escuchar y entender qué es lo que estoy haciendo.

Debido a mi forma de ser, bromista y natural durante los días anteriores, todos creían que estaba haciendo una broma pesada. Pero ella se da cuenta inmediatamente que es totalmente serio. Se levanta y se va al asiento donde estaba yo. Ahora tengo que quitar el cojín de cuero, que no es fácil, porque tengo que hacer tanta fuerza que soy incapaz de estar de pie mientras el avión sigue moviéndose por la turbulencia.

Logro quitar el cojín de cuero para encontrarme con un inodoro muy lujoso. Obviamente nunca ha sido usado. Aquí es cuando llega mi momento de claridad. Tal vez era entender que iba a quitarle la virginidad al inodoro con tanta furia que era una abominación a su delicada artesanía y calidad. Imaginé a un pobre carpintero italiano llorando ante los restos incrustados violentamente sobre su maravillosa creación. Los lamentos duraron no más de un segundo a medida que me volvía a concentrar en el pequeñísimo músculo que detenía el desastre.

Me agacho y subo la pequeña cortina que me dará algo de privacidad, con apenas unos segundos de sobra antes de hacer erupción. Es una bomba de líquido y aire que explota en todas las direcciones posibles. Una obra de arte. La presión ahora se revierte. Siento que voy a tener un paro cardiaco, empujo durísimo para acabar con el alivio, un alivio sublime y tormentoso.

“Lo siento mucho, lo siento mucho”. Mis disculpas no hacen nada para ahogar los sonidos asquerosos que suenan y rebotan a lo largo de toda la cabina del pequeño jet privado en el que viajamos. Por si eso no es suficiente, hay otro problema, muy grande: la cortina de privacidad llega hasta mis hombros. Estoy ahí sentado en el inodoro, al final del avión, viendo a mis colegas y competidores a los ojos. “No mires al hombre detrás de la cortina”, pienso.

El avión es tan pequeño que literalmente puedo estirar mi mano y tocar los hombros de la persona a mi lado. Era virtualmente imposible para él y otras personas en el avión mirar a otro lado. Y con “otras personas en el avión” me refiero a compañeros de negocio de alto perfil y clientes. Se daban la vuelta e intentaban no mirar, intentaban hacer todo lo posible por seguir sus conversaciones y hacer como si nada fuera de lo normal estuviera sucediendo dentro del pequeñísimo espacio del jet privado en el que viajábamos. Intentaban hacer como que no estaban compartiendo su espacio vital con una persona que estaba cagando todos sus intestinos, liberando su sudorosa y olorosa vergüenza a cientos de kilómetros por hora en el aire.

“Lo siento mucho, lo siento mucho”, es todo lo que la cabeza que se asomaba por la pequeña cortina de privacidad podía decir, una y otra vez. Poco importaba.

Definitivamente es la historia más vergonzosa jamás contada.


(César Noragueda) #6

Madre mía… Como lean esto los hermanos Farrelly, hacen una película sólo para poder rodar esa escena, jaja.


(MJosé) #7

Uff! Lo mío comparado con eso no es nada! :fearful:


(FLITE W) #8

He pasado muchos momentos vergonzosos que ya se me hizo la piel de cocodrilo para ello. Pero un momento que no olvido, y que de hecho no fue nada importante pero jamás lo olvidé, ocurrió cuando yo tendría 13 años o menos. Había una chica que me gustaba pero ni loco me animaba a hablarle, yo era muy tímido y sencillamente no era realista pensar que le hablaría, que además estaba yo fuera de sus expectativas. En una ocasión le comenté a un amigo que la susodicha me gustaba y dio la casualidad que él era amigo de esa chica, y peor aún, dio la casualidad que ella justo pasaba cerca en ese momento sin yo verla. ¿Y adivinen qué? Sí, la llamó hacia nosotros y cuando llego le dijo que yo tenía algo que decirle. Me quedé helado. No solo no tenía experiencia ligando sino que tampoco tenía nada pensado, la menté me quedó en blanco en ese momento y los segundos en los que pensaba qué decir para mí fueron eternos. Empecé a balbucear intentando decirle que ella me gustaba, en detalle, y también intenté darle razones por las cuales debía intentarlo conmigo (lo que de verás fue muy estúpido :sweat_smile:). Se me subió la sangre a la cabeza y ardía del bochorno. La parte más incómoda es que ella estaba en compañía de sus amigas y prácticamente escucharon lo que yo le dije pues solo echaron un poco hacia atrás. Ni hablar de mi amigo, que no estaba cerca como para oír peor igual lo notó.

¿Qué respondió? Obviamente me dijo que no y como era de mi escuela no pude evitar toparme diariamente con ella/ellas xD


#9

Si eso ha sido lo peor, diría que has tenido mucha suerte :slight_smile:


(Victoria Pérez ) #10

A mi me da vergüenza todo :disappointed_relieved:. Cualquier cosa que diga, para otros será una tontería y pero para mí significa refrescar un trauma. Pero, informo, os leeré desde la sombra para sentirme mejor :kappa:.


(Luis Rondón) #11

Recuerdo dos momentos y ambos fueron en la universidad, el primero fue prácticamente una broma de una amiga, fue cerca del área del Cafetín (restaurant) donde la mayoría de los estudiantes desayunábamos, a “la hora pico” del desayuno, yo intenté subir unos escalones de un salto y me caí en el último, con la caualidad de que caí arrodillado en frente de la novia de un compañero de clases, quien al verme en esa posición delante de ella grito “YA DEJA DE ROGARME RÍO CARIBE*, TE DIJE QUE NO” una multitud volteo y me vio allí arrodillado, recibí una pita monumental, y durante varios días estudiantes que yo no conocía me veían en los pasillos y reían
* RIO CARIBE era mi apodo en la universidad, es el nombre de mi pueblo y por eso el RC en mi nick

En otra oportunidad estábamos en un salón de clases esperando al profesor de matemáticas, que era un chileno bastante simpático, en algún momento me puse a imitar el acento chileno, los gestos y la peculiar forma que tenía el profesor de decir, cuando se enojaba, “pooooorrr favooooorrr bachilleeeerrr… porrrr faaavoooooorr” todo el salón reía a carcajadas y yo le iba subiendo el nivel a mi actuación de comediante estrella, cuando escuché una risa detrás de mi… en efecto, era el profesor que tenía rato viendo mi actuación y por eso la hilarante risa de mis compañeros… afortunadamente ese chileno es muy buena gente y de muy buen humor y la anécdota no pasó de allí


(Martin) #12

un moco te trolleo al punto de dejarte en la friendzone?? jajaja! es lamentable realmente, pero Gracias por Caompartirla!